Quedaron con el padre en que al día siguiente le llevaría los antecedentes de la cuestión que quería entablar, que era intrincadísima.

Le prometió, sin embargo, que la ganaría con costas y aun que haría encarcelar a la parte contraria.

¡Con qué ansia esperó el día próximo!

¡Imagínenlo los que puedan, no olvidando que se trataba de su primer cliente, y de una muchacha de quince años, que tenía unos ojos más alegres que un informe in vote 36 de cualquier abogadillo ramplón[92]!

Esa noche soñó con una porción de cosas bellas, y todas ellas tenían algo que ver con la hija del cliente de la melena.

Llegó, por fin el día y con él la hora de oficina.

Se hallaba en su escritorio, y sin embargo le parecía que no era cierto; le faltaba el aplomo; el corazón le latía.

Paró un carruaje de repente: se puso de pie como movido por un resorte.

¡Ahí estaban, ella y él!

Cuando vio que no entraba sino ella, casi se cayó la emoción le paralizaba la lengua.