Habiendo llegado à este Fuerte de San Rafael del Diamante, el dia 8 del que corre de este presente año; me veo en la obligacion de participar á V. E., como el dia 17 de Noviembre del año pròximo pasado de 1805, à las 9 de la mañana, salí de la ciudad de San Agustin de Talca, para concluir el nuevo descubrimiento del camino real de Sobremonte, que tanto me encantò por su belleza, y por el mismo camino que antecedentemente habia andado, y cuyo itinerario tuve el honor de dirigir á V. E. Lleguè el dia 25 del que corre á la orilla S del arroyito de Mallin, que dista una media legua corta, y al N de la Piedra del Sargento, D. Benito Santaolaya (rio grande de la Puente de Piedra de por medio), que es á donde suspendì mi primero descubrimiento, y como fuese ya tarde, pasè allì la noche.
El dia siguiente dì principio á mi comision, y dirigiendome al E, pasè por el cañon que forman las torrecillas al N, y el Cerro Grande de Castillo al S, dejando al mismo rumbo el gran rio de la Puente de Piedra, siguiendo aguas arriba del grande arroyo de Saso, el cual es uno de los brazos que forman el citado rio; y con felicidad lleguè al mismo Portezuelo de Saso á la una de la tarde: y como D. Estevan Hernandez me quisiese acompañar, me vì obligado à esperarlo con toda la tropa, è ignoro los motivos que tuvo D. José Santiago Cerro y Zamudio, por haberse quedado á la ciudad de Talca; pues que hacia dos dias que habia llegado de la Concepcion de Penco. Desde dicha elevacion se descubrieron á los vertientes de él una lagunita mediana que llevaba su nombre, y un grande espacio de terreno cuyas aguas manifestaban correr por las pampas de Buenos Aires. Despues de habernos reunido todos, bajamos desde la citada elevacion y siempre para el E, por una ladera muy suave sin precipicio; sin que pueda asegurar cual de las dos es la mas favorable á los caminantes, porque la subida fuè incomprensible, y la bajada mejor del modo que està. Vine á dormir à la cabecera de la Laguna Grande de Maule, y muy cerca y al N del camino que pasa por la ciudad de Chillan y conduce á la de Mendoza: haciendo presente á S. E. que es la primera jornada en que nos hemos visto escasos de leña, porque no habia ni arbustos desde el Portezuelo ya citado; y tambien de pastos, motivado de los planchones de nieve que encontrabamos de trecho à otro.
Desde dicha Laguna de Maule hasta la Ciega, que es mas pequeña, porque la otra tiene mas de cuatro leguas de circunferencia, y no la pude distinguir toda, el camino tiene sus cortas incomodidades, pero sin peligro: y es mas ventajoso, porque tiene pastos y leña. Desde dicha Laguna Ciega hasta la Puente de tierra, (donde antiguamente habia un volcan, cuyos vestigios estàn en el dia à la vista, por la abundancia de piedras pomes que hay en ambas orillas), el terreno tiene tambien bastantes pastos y leña, con dos arroyitos regulares que se juntan á corta distancia, sin tener en la citada Puente de tierra, mas que media vara de ancho y tres de largo; y desde su superficie hasta el arroyito (que los naturales llaman de la Puente de tierra), perpendicularmente hay sobre 20 varas de profundidad. Por lo que soy de sentir, que seria un grande beneficio que se hiciera por lo pronto una puente de madera, porque la hay no muy lejos, y desde dicha puente hasta los toldos del Cacique Colipí, el camino es muy bueno y muy abundante de pastos, aguada, y con bastantes arbustos para leña.
En estos toldos nos paramos dos dias, porque hubo parlamento, è ignoro el porque: lo cierto, es, Exmo. Señor, que me vì obligado por tres diferentes veces à ofrecerme à dichos caciques por cautivo suyo, en el interin que V. E. me rescataba; y si no se verificàra, que hicieran de mí lo que gustasen: con lo cual se concluyó el citado parlamento, y se nos diò el paso libre y la caballada de prorata: exigiéndome que hiciera presente V. E. su lealtad, y les diese una certificacion para el Juez real, subdelegado de Talca: lo que complì, y nos regalaron con cuatro corderos y un novillo para la tropa, sin que para ello esperasen recompensa alguna. Desde dicho dia se me quitò enteramente el conocimiento del descubrimiento, y temeroso de algun exceso, como los que habia experimentado á mi venida, sufrì la ley de la fuerza; por cuyo motivo desde dichos toldos el descubrimiento tiene sus imperfecciones, que se podrán salvar siempre que se abrigue el deseo de hacerlo.
De dichos toldos hasta la orilla del O del Rio Grande de San Pedro, no hay mas que legua larga de camino, algo àspero y de fàcil composicion como el anterior: y con la ventaja de tener abundancia de pastos, aguada y arbustos. Como los naturales dueños de la caballada, dirigian el camino, y no me daban lugar à poderles hablar, porque estaban con otros, dejamos el camino de la Laguna Blanca y su angostura (que por supuesto era mi camino) al S, y nos dirigieron à un paso del rio citado, porque estaba dividido en cuatro brazos: por consiguiente no tuve lugar de reconocer el verdadero, como tambien la angostura en que se debe fabricar una puente de piedra; porque me aseguran que en dicho parage el rio no es mas ancho que el de Maule, y tuve el dolor de verlo de lejos, sin poderlo distinguir, motivado de mi vejez y de la vista cansada.
De dicho Rio Grande de San Pedro hasta las vertientes de la Cordillera Grande, ó pampas de Buenos Aires, el camino es muy bueno, y abundante de pastos, aguas y leña; y desde la citada falda distinguí con perfeccion el Cerrito Negro al S, y al SO el Cerro Nevado, con toda la cadena de cerritos que tiene en ambos lados. Fuè un pesar grande para mì el verme obligado à seguir la comitiva como si fuera un jornalero, tirando para el N, y dejando de descubrir lo que acabo de notar; y tambien de indagar si es verdadero ó nò el camino antiguo carretil, que desde la ciudad de Mendoza pasaba por el Volcan, los Angeles y Villa Rica, como asimismo inspeccionar el paso de dicho rio, que dicen es para los carruages de la Concepcion de Penco.
De dichas vertientes hasta el terreno del cacique Millaguin, el terreno incomoda mucho, porque es todo guadales ó arenisco: los pastos no son buenos, y escasos, con ningun arbusto, y el agua salobre; como á la tardecita no hubiese llegado la prorata, y desease cumplir con mis deberes, mandé à mi ayudante, D. Manuel Chaves, en consorcio de mi baqueano, Santos Rodriguez, á que se fueran á los toldos de la cacica Dª. Maria Josefa Roca, y que la rogasen me fletàra 13 cabalgaduras de silla y de carga, con el objeto de dejar la comitiva y pasar yo con la mia al dicho Cerro Nevado para concluir mi reconocimiento, y perfeccionar del modo posible el descubrimiento. Pero me fué todo à lo contrario, porque la dicha cacica no me mandò mas que siete caballos, y como con ellos no adelantaba cosa alguna, me quedè con un cargero, devolví los demas, y seguí la comitiva á lo acostumbrado.
Desde dicho parage, atravesando las Salinas, hasta los cerritos de los Caboeyes, el terreno es todo como el antecedente, y quizàs mas escaso, pero los dos ojos de agua en que paramos eran superiores. Desde dicho parage subimos y bajamos dichos cerritos hasta llegar à los manantiales de la Laja. Aunque el camino es malìsimo, con todo, es abundante de pastos esquisitos, leñas y aguadas, y desde dichos manantiales hasta las vertientes de los cerritos de la Casa Pintada, si el terreno no es peor, à lo menos es igual en todo. Pero desde dicho parage hasta la orilla del gran rio Diamante, sigue por el mismo estilo. Con cuya descripcion concluyo con mi regreso hasta este Fuerte, de donde pienso salir mañana ó pasado para reconocer todo el rio Diamante, y particularmente los parages ya citados.
Desearia que V. E. enviase personas idoneas para certificar si este camino es tal cual lo describo, transitable para carruages y mucho mejor que el que descubriò D. José Santiago Cerro y Zamudio. Para ello seria muy del caso que se nombrase al Señor Comandante actual de este Fuerte; porque es indispensable, si es verdad cuanto me han dicho, que se fabrique otro en el Cerro Nevado, para asegurar nuestro comercio, nuestra gente y nuestras poblaciones.
Fuerte de San Rafael del Diamante, Enero 18 de 1806.