Yo participaba de su fé, i hubo momentos en que me aluciné, creyendo que él habia triunfado, llenando su mision. ¡Engaño cruel! En 1868 he sabido que el pobre loco habia muerto despeñado en una cuesta del camino de Valparaiso por una carreta, ¡ántes de completar sus tres mil viajes sagrados! El talisman del patriotismo quedó siempre encantado i Lucero perdida en las tinieblas. Lo que yo creia un triunfo no habia sido otra cosa que el claror deslumbrante del haz de pajas de la Mentira.[29]

¡Funesta desgracia! El héroe habia vencido a la Ignorancia i a la Mentira con una firmeza incontrastable, i se habia salvado del poder de la Ambicion i del Fanatismo con un valor de todos los diablos. ¡Trabajo perdido! Su admirable constancia no alcanzó a desencantar al Patriotismo, i la verdad, la justicia i la democracia quedarán todavía en los abismos, hasta que las levante de allí otro héroe que no muere jamas, que tiene mas firmeza i mas valor que un hombre solo; otro héroe que ha atravesado los siglos luchando por aquellos bienes, a quien los griegos llamaban Demos, talvez por lo que tiene de demonio, i a quien nosotros llamamos Pueblo, en nuestro lenguaje moderno.

EL DIARIO DE UNA LOCA.

I.

¡Ah! Estoi sola. ¡Gracias a Dios!...

Son las dos de la mañana. ¡Qué lindo es mi reloj! ¡Pobre muchacho! El me lo regaló el dia en que se casó con mi hija. ¿Qué será de ella? ¿Adónde estará?...

¡Ah! Estoi libre, ¡sola!... Pero no, esa monja horrible, mi guardian, está allí. Está tranquila, merced a mi estúpido sueño, i no estoi libre. Esa pesada puerta está con llave, ni es posible moverla siquiera. Pero la ventana ¡oh, qué alegría! ¡De par en par! ¡Dios mio! ¡Qué reja tan enorme!

Habrán sabido sin duda que mi mas vehemente deseo, mi deseo de tantos años, es matarme. ¡Mas no saben que soi tan cobarde! Mil veces he podido acabar con esta vida espantosa, ¡pero he tenido miedo!...

¡El suicidio! Sí, recuerdo las palabras de aquel célebre escritor, amigo de mi marido. ¡Qué bella era aquella tarde! Vino de visita i lo recibimos en el corredor de la quinta, con vista al rio.