—¡Oh! ¡No, señora mia, mi pobre señora! Usted no come cuando está con el accidente, me replicó la monja.
—¿Hago como el militar?
—¡Sí, mi señora, pero nadie la vé, sino yo, que la cuido, yo que la quiero tanto!...
—¿Quién es ese oficial?
—Un frances, un compatriota mio, que dejó aquí un navío que vino a repararse, de paso para la Guayana, llevando prisioneros del golpe de Estado. El pobre se volvió loco a bordo. Solo se enfurece el 2 de cada mes, i se lleva tres dias combatiendo por la república.
—¿Tambien enloquece el amor a la libertad?...
—Debe ser así, porque en mi pais hai muchos de esos locos...
—Los tiranos no enferman así, porque la locura es su elemento. Están como el pez en el agua. Son los reyes de los locos, de toda esa turba que se cree cuerda, porque no tiene alma, i que hace casas como esta para los que la tienen. Vamos, sor María, me siento mal...