Este es el diálogo que he tenido con el doctor esta mañana. Lo he copiado por encargo suyo. Quiere ver si es exacto i darme en premio patente de sanidad. Si os falta un ápice, me dijo, si hai inexactitud, es prueba de que aun estais mal. Yo no recuerdo si mediaron otras palabras. No sé que refirió sobre la visita del emperador al jardin...

—¡Oh! ¡si tuviera yo una persona que me hablara así, como ese viejo doctor, tan alegre, algunas horas todos los dias! El portugues me parece una lengua hermosísima en su boca. ¡Qué bien habla! ¡Como resplandecen sus lucientes ojos en su negra cara i bajo esa cabellera blanca como la nieve! Es un médico mui sabio. Es médico de locos...

¡Qué diferencia con sor María! Siempre me habla de Dios en su jerga gabacha, sin salir de su tema. Quiere convencerme de que Dios prueba a sus criaturas mandándoles fuertes pesares, horribles pasiones, grandes dolores. ¡Qué ocupacion! Yo habria preferido que no me probase! Si él sabe que soi débil, ¿por qué me puso entre el crímen i el amor? ¿Por qué no inspiró mejor al criminal, para ahorrarme el dolor en mi inocencia, para ahorrarme la locura!...

¿Esta monja sabrá mi historia tal vez? En mis raptos de dolor se me habrá escapado. Siempre alude a lo mal que hace una mujer cuando ama sin reserva, i sin temor de Dios, a un hombre. ¿Será necesario amar a medias, sujetar el amor al temor de las iras de Dios?

Talvez se podrá hacer eso, cuando se ama tranquilamente, sin obstáculo, a un hombre que debe ser esposo; o cuando se ama a un hombre con quien no podremos unirnos jamas; i es necesario que la razon prevalezca para salvarnos de una vergüenza, de una deshonra...

¿Pero era alguna de esas mi situacion?

Yo respeté las leyes de Dios i del honor, miéntras mi amor era aplaudido de todos, miéntras mi madre lo bendecia, i Fructuoso era mi prometido. Entónces corrian felices nuestros dias. Fructuoso me trataba libremente i queria hacer bendecir nuestra union ántes de que se emprendiera una nueva guerra. Se decia que los chilenos trataban de declararla a la Confederacion.

Un dia llegó mi hermano, del ejército. Yo temblé; sabia que odiaba entrañablemente a mi prometido. Fructuoso desapareció durante largos dias. Yo estaba llena de angustias. Mi madre se mostraba severa: mi hermano mústio i sañudo. Al fin, recibí furtivamente una carta que conservo en la memoria:

«Mi Pepa querida, ídolo mio, insisto en escribirte, aun que no me contestes. Tal vez no has recibido mis cartas; pero creo que esta llegará a tus manos. Tu madre me ha intimado romper toda relacion contigo. Tu hermano se ha atrevido a declararme que me matará si intento verte. He tenido que sufrir el ultraje. Es tu hermano. Por conservar tu amor, toleraria que él me matara.»

«Somos nuevos Romeo i Julieta, pues mi tio i tu hermano son Mantegon i Capuleto. Esto lo dice todo. ¿Qué haremos? Necesitamos ponernos de acuerdo. Pienso que la nueva campaña que se anuncia pueda obrar un cambio eficaz.