—¿No es cierto? Si, ¡era admirable, era adorable!..... El primer beso que estampó en mi frente fué tan puro como su amor, i no se ocultó de nuestra amiga confidente.

—¿I cómo creeis no haberos salvado de una vergüenza?

—Por que al fin fuí madre... Si ello es mi vergüenza, no la siento. Si es una falta, la he purgado mui severamente...

—Nó, no lloreis, amiga mia, haced vuestros recuerdos con tranquilidad. Referídmelo todo.

—La última noche, víspera de la partida de Fructuoso a la segunda campaña al Perú, la pasé en sus brazos, desvanecida, extasiada... No tengo ideas fijas... Ni quiero tenerlas... ¿Fuí débil? No lo sé. Pero, ¡Dios mio!...

—¡Basta, no lloreis! Yo os absuelvo con toda la efusion de mi amistad paternal.

—¡I vos llorais tambien, i no quereis que yo llore! Todos me han absuelto. ¡Mi madre, mi pobre madre tambien! ¡Ménos mi hermano!...

—¿Volvisteis a ver al padre de vuestro hijo?

—Sí. Fructuoso volvió con los restos de ejército de Yungai. La campaña habia sido desgraciada. Mi hermano se aprovechó de aquella inmensa desgracia de la patria para llenar su ambicion. Se hizo poderoso...