—Se frustró el plan de vuestro novio...
—Sí, pero él creyó alcanzar mi mano a fuerza de constancia. Se sometió a todo, continuó en el servicio bajo las órdenes de su enemigo, con la esperanza de reducirlo a fuerza de sumision i lealtad... ¡Ah! ¡no puedo mas! ¡Doctor mio, me viene a la memoria aquella horrible catástrofe! ¡Favor, piedad! . . .
—Llorad, llorad ahora. Venid aquí, a la ventana, respirad la brisa del mar, enjugad vuestros ojos... Tomad este calmante, que os hará dormir dulcemente. Vamos a olvidar todo eso. Solamente os prescribo que me narreis otro dia, con calma, vuestro matrimonio, vuestra peregrinacion al Plata, cosas así, que os sean gratas, que no os hagan llorar. Recostaos. Yo i sor María vamos a velar vuestro sueño...
VIII.
¡Mi hijo! ¡ah! ¿vive aun o muere? Nada sé de él. ¿Se parecerá a su padre? ¿Será bello, valiente, noble, como él? ¡Tener un hijo, saber que vive, i no conocerlo, no saber como es, no haberle oido jamas!... ¿Hai una cosa mas rara?
Mi voto mas ardiente es que mi hijo no sea jamas el satélite de un déspota. El debe vengamos, i para vengamos tiene que ser el azote de todos los tiranos, ¡el paladin de la inocencia i de la justicia!
¡Los tiranos! ¿Hai nada mas horrible? ¿Hai nada mas irracional? ¿Cómo es necesario ser para vivir odiando, para vivir matando, para vivir en lucha constante con todos i con todo, con la justicia, con la honra, con la amistad, con el amor?... ¿Cómo se esplican esos odios tenaces, fervientes, implacables, que la política aborta, i que, unidos en una alma de fiera, producen lo que se llama un déspota? ¡I para estos locos no hai hospicios! ¡Solo hai honores, riquezas, sumision, humillacion, vileza! ¡Ah! ¡que mi hijo. Dios mio, no sea jamas, el siervo de una locura semejante!...
Si él tiene en su alma una chispa de la mia, sabrá ántes morir que someterse a esa infamia, que es propia, solamente de esa turba de tontos i egoístas que llaman pueblo.
Yo, ¡jamas me sometí, jamas me humillé! Si el cielo no pone en mi camino a un hombre de gran corazon, que, por amor o por lástima, me sacara de la esclavitud; ¡juro que todavía jemiria en ella, pero sin someterme!