¡El pecho se ensancha! ¡Qué grato es respirar este ambiente húmedo i fresco! ¡Qué léjos se oye el trueno! ¿Por qué pasa con tanta lijereza la borrasca? Ya el mar no se vé. ¡Se oye solamente, como se oyen rodar los torrentes que bajan de la montaña!...
¡Imájen de la vida! El cielo tropical es el remedo de nuestra vida. Aunque seamos de los polos, de las alturas o del llano, nuestra vida tiene borrascas como las de este cielo. ¡Cuando las borrascas son perpétuas, oh, viene la locura!...
¿No ha bastado para enloquecerme una sola que demoró sobre mí mas de lo que debiera? ¡I aun hoi todavía pesa sobre mi corazon!
Ayer escribia para mi doctor la historia de mi matrimonio. Ese episodio fué en la borrasca de mi vida el viento que refresca, pero el trueno no cesó. Aunque a lo léjos, su estampido no se apagó, como se ha apagado ahora el de la borrasca que acaba de pasar.
El cambio de vida, la variacion de la escena reaccionaron en mí favorablemente. Viví consolada, pero siempre triste. El bullicio de la sociedad me distrajo, sin impresionarme. Las nuevas relaciones me impusieron deberes que me fastidiaron i que por lo mismo distrajeron mi dolor.
Mi llegada al Plata fué de buen agüero. Llegué en dias de fiesta, que a mí me parecieron de alarma, de conflicto. Las calles se veian llenas de jentes que corrian, de corrillos que discutian, de transeuntes que se atropellaban, de pesados carretones que asordaban el aire, de carruajes que volaban. Todo era por que se aproximaban las dos de la tarde, hora en que el cañon del Parque anunciaba que estaba abierto el carnaval. Aquellos dias de agua, de ruido i de algazara, de mascaradas, de bailes i saraos me impresionaron vivamente; pero me iniciaron en la vida alegre de aquella risueña cuidad, vida que restituyó la calma a mi espíritu, aunque no cauterizó jamas su herida.
Cuando pasó la novedad de mi instalacion, cuando mis ojos se habituaron a aquel inmenso horizonte, cuando se me hicieron familiares el rio, la pampa, los boscajes de la ribera, entónces mi imajinacion me trasportó al Illimani. Yo no veia lo que me rodeaba. Solo veia a mi patria, sus altas cumbres, sus torrentes, sus profundos senos... Una cruel memoria volvió a atormentar a mi pobre corazon.
X.
Un afan, al cual nunca me habitué, i un amor cuyos encantos se disiparon, fueron la principal ocupacion de mi vida durante aquellos años de calma.