¡Oh! no, ella despierta, se incorpora, se sienta, su mirada no está turbada. Voi, amiga mia...

XIII.

Sí, fuí a su lecho...

¡Pero para recojer su último suspiro!

—Doctor, me dijo, estoi buena. Me habeis vuelto la razon, pero para morir. Me siento morir... No con el corazon desgarrado por las balas, como él. ¡El mio está sano para consagrarle su último suspiro!... ¡Dios bendiga a mis hijos! Dios los salve de la infamia, que es la locura de los cuerdos...

Su voz se apagó. Su busto cayó dulcemente sobre el lecho. Era un cadáver...

MERCEDES.

I.

Corria el año 1831, i Alejo cursaba estudios mayores en Santiago de Chile. Hacia cuatro años que habia llegado a esa ciudad, niño aun, solo, sin guia i armado de una recomendacion que le aseguraba la asistencia que un estudiante forastero puede necesitar en una gran ciudad para completar su carrera.