El agredido tiró un estileto italiano i se lo perdió en el hombro izquierdo al estudiante, cayendo en el acto derribado i con la cabeza abierta por la masa del taco que éste le descargó con violencia.

Toda la concurrencia del café se agolpó al sitio de la catástrofe, i la atencion jeneral se contrajo al caido, creyéndole muerto.

Alejo salió sin ser sentido, i despues que pasó la primera sorpresa, i se vió que el caido estaba vivo i sin peligro, todos los circunstantes buscaban al estudiante para felicitarle, i no se alzaba una voz que no fuera en su defensa.

Entre tanto, él habia llegado a casa de un su amigo, que tenia la gracia de ser uno de los dos únicos estudiantes de medicina que habia en aquel tiempo, i allí sentado en una silla, medio desnudo, habia recibido la primera curacion de su peligrosa herida, para tomar despues la cama, haciendo decir en su casa que le habia atrapado el contajio de la escarlatina, que hacia poco habia diezmado la poblacion de Santiago.

XII.

Ramiro, constante parroquiano del café, conoció aquella aventura a las pocas horas, pero guardó silencio.

Mercedes, ignorante de lo sucedido, comenzó a inquietarse de la ausencia de Alejo, cuando pasó sin verle tres dias. ¿Es posible, decia ella, que haya salido de vacaciones mi Alejo sin despedirse? ¿A dónde se ha ido? En la semana anterior todo fué ocuparse de sus exámenes, pero llegaba aquí por momentos a noticiarme sus triunfos. El dia en que dió su exámen final en público i a presencia del presidente i los ministros, vino a descansar en mis faldas. Desde entónces no le he visto a derechas. Ahora ha desaparecido. ¿Habrá mandado por él su familia sin dejarle tiempo de venir?

Tales conjeturas quitaban a Mercedes su tranquilidad, su sueño. Los dias corrian, i ella no tenia noticias de su querido. Al fin arriesgó un billetito primorosamente escrito i doblado con amor; pero se lo devolvieron con la respuesta de que Alejo no estaba en casa. Le fué imposible resistir mas: bajó su escalera, i corrió a la casa vecina, en la cual no tenia relaciones. Entró temblando de amor, de dudas, de vergüenza, i se quedó estática, desvanecida, cuando supo que Alejo tenia la escarlatina i que estaba asistido con esmero paternal en casa del doctor Moran.

Sin ser dueña de sí misma, Mercedes salió de allí, i a poco despertó en los umbrales de una casa situada a las espaldas del templo de la Merced, donde era recibida con esquisita urbanidad i conducida al lecho de Alejo.

El momento fué solemne. Ambos se abrazaron en silencio, i pasados algunos minutos, Mercedes se desplomó en la silla de la cabecera sollozando. Los circunstantes guardaron silencio respetuoso, pues conocedores de la aventura del café, respetaban aquellas lágrimas, que juzgaron derramadas por la gratitud, no por el amor.