—¡Aquí la tienes!...
Luisa, mirándola con avidez, se queda estática i esclama sordamente:
—¡Una negra!...
—Sí, una negra esclava, acentúa Llorente con desden.
Luisa, reponiéndose i levantando el retrato con orgullo, le replica:
¡Es mi madre, caballero... Mi querida madre!...
III.
En esos momentos volvian del comedor Roberto i Ana, conduciendo a un jóven de baja estatura, fino de facciones, de ojos negros, hermosos e intelijentes, i vestido con esmerada elegancia.
—Te presento, dijo el primero, dirijiéndose a Luisa, al doctor Agüero, hijo de don Sebastian, que nos le manda a prevenirnos su visita.