—Luego. Volveré en el acto para ponerme a sus órdenes.
VIII.
Llorente, volviéndose a Luisa, le dijo con tristeza.
—Ya le corresponderás; te lo repito. Ya comenzarás a amar, si no amas ahora mismo a ese ardiente limeño.
—Puede ser, replicó Luisa, sonriendo dulcemente. ¿No dicen que muchas veces del trato nace el amor?
—Cuando no es de primera vista, esclamó Llorente; pero tú no necesitas criar tu amor por él, ya lo tienes en el corazon.
—Tanto mejor para tí, Pedro, así te considerarás disculpado en tu infidelidad...
—Pero no estaré libre de celos, murmuró Llorente, i Luisa continuó:
—Eres mui afortunado. Me retiras súbitamente tu amor i tu promesa, porque descubres que mi madre no es blanca; abandonas como indigna de tu alcurnia a la hija de la negra, que amaste miéntras la suponias señora; i al momento hallas quien te reemplaze, como para dejarte libre hasta de remordimientos... ¿Que mas podias desear?
—Eso es falso, decia hablando para sí Llorente. No hai quien me reemplaze en tu corazon, i sin embargo los celos me devoran... I dirijiéndose a su interlocutora le dijo con firmeza:—Nó, Luisa, no soi yo quien te abandona. Tú eres la que...