—Concluye, esclamó ella, concluye. Yo soi la que por no despreciar a su desgraciada madre te abandona a tí... ¿No es esto lo que quieres decir?

—Tú lo dices...

—¡Lo digo i tambien lo hago, porque no quiero matar de dolor a la que me dió el sér, no quiero abandonarla, en homenaje a una preocupacion que en tu alma tiene mas fuerza que el amor que me juraste! Nó, jamas sacrificaré mis deberes filiales a mi felicidad contigo, si para ser feliz debo sacrificar a mi madre en aras de tu ciego error. ¿Cómo podria yo salvarme de mi arrepentimiento el dia que tu amor decline? ¿Mi deber de hija tendrá que desaparecer ante tu capricho?

—No se trata de sacrificar un deber. Te alucinas.

—¿No tiene una hija el deber de amar i de honrar a su madre?...

—A una madre digna de tí, digna de mí, sí. A una negra que no conoces, a quien no has visto jamas, i que no ha podido inspirarte amor, ¡nó! ¡nó!

—De manera, esclamó Luisa indignada, que a tu juicio una negra no tiene el derecho de ser madre; i si lo es, no tiene derecho a que sus hijos la honrasen, cuando son blancos, a que la reconozcan como tal, aunque hayan vivido, como yo, con la ilusion de poseer una madre, adorándola en la ausencia... ¡I tú te llamas civilizado, i haces alarde de ser cristiano católico, de ser caballero, hombre de honor!... ¿Cómo conciliar todo eso con tu desprecio por la madre de tu prometida; con el abandono que haces de mí, quitándome a mis hermanos, porque no desconozco a mi madre, porque no la humillo para darte gusto, porque no la mato de pesar para probarte mi amor...

—Basta, dijo secamente el español, basta ya... Yo no falto a mi honor.

—Sin embargo de que faltas a tu compromiso, exijiéndome como condicion para cumplirlo que yo sofoque en mi corazon el amor que me liga a mi madre, ese amor entretenido i fortificado por el constante anhelo de conocerla, ese amor que renacerá mas ardiente cuando el tuyo se resfrie, i que me mostrará en toda su deformidad la culpa que cometeria si obedeciera a tu capricho. ¡Oh, tú nunca me has amado! Tú no eres digno de que yo te ame!...