Deciamos, pues, que contra esa gran mayoría no ejercian su poder los jenios de Espelunco, sino contra los rebeldes que naciendo un poco mas alumbrados, se enamoran de la libertad i sirven a su triunfo. Pero como entre éstos hai variantes, como en todas las plantas de una misma familia, sucede que muchos de los que no nacen para esclavos, son palomos a nativitate, porque tienen la condicion de seguir al primero que les hace pió, pió, pió i les arroja algunas migajas. Admirable poder del hambre sobre la naturaleza, poder que modifica hasta los instintos de la organizacion. Para éstos no habia en el pais de Espelunco ni costuras, ni suplicios, sino migajas i buen grano, pues los palomos tienen alas para trasmigrar de rama en rama en busca de su alimento.
Las costuras se reservaban solo para los espíritus fuertes, para aquellos que conciben la verdad, que la aman i la proclaman, que la sirven i se hacen crucificar por ella.
En esto estaban perfectamente de acuerdo los usos de la Cueva con los del mundo que habitamos. Alguien ha dicho con mucho acierto que en todos tiempos se ha sacrificado o quemado a los pocos hombres que han sabido alguna cosa i que han sido bastante locos para dejar desbordar sus almas i para revelar al pueblo sus sentimientos i sus miras; i no hai nada de estraño en ello, puesto que en todos los tiempos los sacrificadores i los quemadores no han podido sostener su autoridad sino a la sombra de la mentira.
El buen corazon revela la verdad a los ignorantes, i la ciencia descubre a los sabios la razon de las cosas; pero como el poder de los reyes i de los presidentes no tiene corazon, o si lo tiene, lo tiene malo i corrompido; i como anda siempre atras de la ciencia, ha sucedido siempre que los amantes de la verdad i de la razon han sido despreciados i sacrificados como locos o perturbadores del órden de cosas que se apoya en la mentira i en el mal. No parece sino que los gobiernos tuviesen constantemente a su oreja un Mefistófeles que les estuviera gritando a toda hora:—«Despreciad la razon i la ciencia, esas fuerzas supremas del hombre; dejad al espíritu de la mentira que os afiance en sus obras de ilusiones i de encantamentos;»—pues vemos en todas partes i en todos tiempos, que los que mandan se esfuerzan por sostener el error, cerrando los ojos a la luz de la ciencia que les descubre la verdad i que les revela la injusticia de sus leyes i de sus actos. ¡Ai del que tiene espíritu fuerte para proclamar la verdad! La persecucion i el sacrificio son su lote, i si tiene bastante fortuna para escapar con vida, el desencanto i el cansancio completan la obra, agotando su fé, inhabilitándole para siempre: son raros los que salvan de ese naufrajio.
Ese es el mundo; pero en Espelunco se habia perfeccionado el sistema: allí se habia sustituido la aguja a los medios ordinarios de persecucion usados por el despotismo vulgar. La aguja, este antiquísimo instrumentillo, que en los tiempos modernos ha sido tan perfeccionado, servia a los jenios del pasado para secuestrar completamente, para anular a los hombres animosos que no nacieron para la esclavitud, ni para ceder al hambre como los palomos. ¡Cuánto ganarian los gobiernos si adoptaran ese plan! Anulando a los amigos de la verdad i de la justicia, anularian tambien la libertad; secuestrándolos, no en una cárcel, sino en la sociedad misma, inhabilitándolos por medio del desprecio i del olvido, convirtiéndolos en verdaderos párias, los desarmarian i se ahorrarian de sacrificarlos pomposamente en un destierro, en un calabozo o en un patíbulo. Allá en la Cueva se hacia esto fácilmente imbunchando a los rebeldes: acá, al aire libre, se puede tambien imbuncharlos, sin coserlos, pues basta agotarles el espíritu por medio de una perpetua hostilidad.[11]
No sino, cosed a un infeliz mortal todas sus avenidas, todas sus entradas i salidas. Mantenedle así algun tiempo contrariado en todos sus instintos naturales, en todos los usos i costumbres que su organizacion le imprime, i vereis cómo su espíritu se agota, su fé se disipa, sus fuerzas se aniquilan. Esa era la suerte a que estaba sentenciado nuestro valiente don Guillermo, i los demonios, ayudantes de la justicia ordinaria de aquel pais embrujado, le habian arrancado del De Profundis en que fué interrogado para conducirle al barrio de los imbunches.
XII.
Tambien hai brujas hechiceras.
¡Qué órden tan admirable reinaba en el pais de Espelunco! Allí estaba el modelo del buen gobierno, no a lo Felipe II, que era lo que en otro tiempo se llamaba buen gobierno, sino del buen gobierno a la moda, que consiste en esclavizar al pueblo i en apretarlo hasta hacerle saltar la sangre i las lágrimas a nombre de la libertad en el órden[12] i de los progresos i felicidad universal. Bien decia Mefistófeles: «La civilizacion que pule al mundo se ha estendido hasta el diablo: no se trata hoi de cuernos, de cola, ni de garras.... A ejemplo de los jóvenes, he adoptado, desde muchos años ha, la moda de las pantorrillas postizas.»
Tal ha hecho el despotismo civilizado. Es preciso ser mui torpe para despotizar hoi como el rei Bomba, para presentarse al pueblo con cuernos, garras i cola, o con otras deformidades o adefesios a la laya, cuando se puede dominar tan bien a la sombra de una palabrota, como:—«El imperio es la paz;» «Viva la federacion, mueran los salvajes unitarios;» «El principio de autoridad;» «La libertad en el órden i el órden en la libertad;» o si no, gritando como los moros que invadian la España:—«Viva la relijion, vamos robando.»
Los Jenios comprendian bien i hacian mejor su tarea. El barrio de los imbunches era un gran seminario, donde se preparaban buenos ciudadanos, pacíficos, modestos i mansos, como bueyes. A los tontos no hai necesidad de prepararlos, a los egoístas tampoco, a los ignorantes ménos, a los palomos basta arrojarles migajas; pero a los que nacen con el espíritu chispeante, es necesario apagárselo, i para ello era un escelente medio el imbuncharlos. Allí estaban los imbunches, inermes e inertes, andando a tientas i a topetones, bajo la direccion de las brujas que los cosian i que los dirijian en sus pasos dentro de aquel limbo de preparacion. Mejores directores no podian haber hallado los Jenios, si es que condicion de las brujas sea el ser engañadoras, embusteras, rabiosas, envidiosas, cobardes i aleves.