Suenan los sablazos. Un gran grupo de hombres sin armas se echa sobre los sableadores, que retroceden.
—Algunas voces de estranjeros. ¡Por aquí, por aquí! ¡Viva la autoridad! ¡Favor a la lei! ¡Rodeadlos, tomadlos presos...!
Reforzados los brujos por los estranjeros, dispersan el gran grupo en fracciones que huyen, i aprehenden a varios hombres que amarran i conducen a la prision. Los ausiliadores quedan en el mismo sitio i dos jóvenes, al parecer estranjeros tambien, se acercan i les hablan en lengua estraña.
—Varias voces. Tienen razon esos pobres diablos. Estaban quietos i no daban motivo.
—Uno de los jóvenes. ¿Entónces, por qué ayudasteis a perseguirles?
—Una voz. Porque es necesario apoyar a la autoridad.
—El otro jóven. ¿Aunque no tenga razon?
—Otra voz. Ciertamente.
—Primer jóven. Habria sido mejor no mezclarse. Nosotros debemos prescindir i mantener neutralidad en todos los asuntos del pais.
—Otra voz. Ménos cuando se altera el órden i se pone en peligro nuestra propiedad.