Segundo jóven. Podemos defender nuestra propiedad, no hai duda; pero cuando se halle atacada. La lei i el gobierno nos protejen, i es preciso confiar en esa proteccion, ántes de anticiparnos a su accion. Si con el pretesto de evitar un peligro, nos creemos autorizados para tomar parte en las cuestiones intestinas, podremos equivocamos mui a menudo i nos espondrémos a atacar a nuestra vez el derecho de otros.

Otra voz. No importa: lo que nos conviene es la estabilidad del que manda, sea quien fuere, i cualquiera que sea su conducta. Nosotros no debemos mezclamos en las cuestiones intestinas para averiguar quién tiene razon o a qué lado está la justicia; pero sí debemos en todas circunstancias apoyar a la autoridad, reforzar el poder, aunque sea el de Lucifer, porque eso es lo que conviene a nuestros intereses.

Otra voz. ¡All right! No discutamos al aire: ¡vamos!

Los dos jóvenes se separaron i siguieron hasta entreverarse en los grupos de jente del pueblo que llenan una espaciosa calle, i que marchan cabizbajos en una misma direccion.

Un hombre. ¡Buen dar, amigos, que no podamos divertirnos onde nos dé la regalada gana!

Otro. Ni cuando ni como queremos, sino como quieren los brujos.

Un viejo. Toa la via ha sio lo mesmo: no hai mas que aguantar. Para morir nacimos i para sufrir vivimos.

Una vieja. Como los burros: en eso nos parecimos i en la paciencia. Bienaventurados los que lloran.

Un mozo. Porque llorarán siempre.

La vieja. Bienaventurados los que han hambre i sed de la justicia porque ellos serán hartos.