Uno.—¿Pero en qué, si no tenemos una profesion ni talentos, ni cabeza para nada?
Número 2.—¡Vean qué bruto! ¿Qué no sabes que la maldad i el vicio han sido siempre necesarios al sosten de las grandes causas? Un jeneral en campaña necesita de los espías para triunfar; la inquisicion fomentaba i pagaba a los delatores; el despotismo necesita de muchos ajentes: esto sin contar el interes individual, que tambien echa mano mui amenudo de los servicios de un bribon. ¿Para qué necesitamos de profesiones ni de talentos? Yo tengo el talento de la maldad, i eso me basta.....
Muchos.—¡Es claro! ¡Es evidente! ¡Tiene mucha razon! ¡Has hablado como un libro! ¡Vamos a otra cosa! ¡Número 3, número 3!
Este puso su vaso. La llama de su líquido representó al instante un grupo informe, que poco a poco fué aclarándose i dibujando charreteras, espadas i trofeos militares.
Nueva algazara de risas, hurras i esclamaciones.
—Señores, pido la palabra, gritó uno: el niño nos embroma: no dudo yo de que un calavera sin oficio ni beneficio tenga talento para distinguirse de algun modo, aunque sea un triste ajente de maldades, i que a fuerza de constancia llegue a ennoblecerse i a procurarse un destino que le eleve a la majistratura i a los honores: ese tunante de Número 2 puede llegar a ser gobernador de alguna ínsula, aunque no tenga otro talento que el del vicio, porque yo, como Sancho Panza, he visto ir mas de dos asnos a los gobiernos; i que llevasen a éste no seria cosa nueva. Pero que este otro salvaje pueda llegar a los honores militares, nequaquam: eso no me entra a mí, porque para ascender en la milicia, cuando no se tiene valor, se necesita siquiera no ser un tonto como Número 3.
Número 3.—Nadie es tonto para su negocio, amigo; i yo tengo para mí que el niño no nos engaña i que mi horóscopo puede ser cierto; pues aunque no soi militar, ni ganas tengo de serlo, no estoi léjos de llegar a ser coronel de milicias siquiera. Todo está no mas en que al diablo se le antoje, pues si yo me doi maña para meter bulla a tiempo, i para acreditarme de buen servidor, aunque no sea mas que de correveidile o de patrullero en épocas de bochinche, no está léjos que me emplumen i que salga cierto mi porvenir.
El niño.—Lo que está escrito, está escrito: yo no quito ni pongo rei. El diablo es quien les predice a ustedes la buena ventura: pero si no lo creen, asunto concluído.
Todos.—No, no, siga usted, hasta ver el porvenir de todos.
El niño.—No es posible, la llama casi no arde ya, solo hai para tres, i acabemos.