Número 2.—Vamos por partes, mis amigos: ¿acaso no estoi yo en carrera como ustedes? ¿No puedo llegar adonde ustedes se proponen? ¿Qué mas tienen ustedes que yo? La mayor o menor edad, no importa: aunque han dado en creer que los jóvenes son mejores para el mando porque son mas enérjicos, cuando no son mas que atolondrados. Puesto en el caso, yo probaria que solo en mi edad se encuentra la verdadera enerjía, ¡i demostraria que hai siúticos capaces de mucho!

Uno.—¿Eso quién lo duda? Pero tú debes tener líquida, porque hai siúticos i psiúticos...

Otro.—¡No toquemos esas cuestiones de nobleza!

Varios.—¡Que bestia! ¿Qué tiene que ver con esto la nobleza?

Número 2.—Ahora no hai mas nobleza que la del vicio o el talento. La nobleza de pergamino está en derrota. Cualquier hombre como yo puede elevarse i hacer fortuna por el trabajo.

Todos.—¡Ja, ja, ja, jaa! ¡En qué trabajas tú! ¡Ni tú! ¡ni tú tampoco!

Uno.—¡Ni nadie! ¿Quién de nosotros sabe hacer nada? ¿Quién quiere trabajar? Vamos claro: cuando se nos ofrece una mayordomía, la desechamos por el poco sueldo i mucho trabajo. No aprendemos oficio, porque es indigno de nosotros, aunque nuestros padres hayan sido zapateros. Ni queremos trabajar bajo la dependencia de otros, porque hemos nacido para patrones. Pero lo que hai de cierto en todo esto es que no sabemos hacer nada, que no queremos hacer nada, i que solo aspiramos a tener fortuna por medios cómodos, por caminos fáciles, sin trabajo, aunque sea a costa de la honradez i de la decencia....

Varios.—¡Cierto! ¡Es verdad! ¡Bueno ha estado el sermon! ¡Qué se repita! Número 2 tiene la palabra.

Número 2.—Entendámonos: cuando yo he hablado de trabajo, es porque he tomado la palabra en su sentido mas lato. Todos trabajamos: el que entre nosotros sobresale por su talento o educacion tiene la breva segura, es verdad, con solo alistarse entre los servidores de la buena causa, pero sin embargo no deja de tener que trabajar. El que no pese aquellas ventajas, como yo, debe trabajar el doble, primero para congraciarse con los que mandan, a fin de conseguir un destino, i despues para acreditarse de buen servidor. ¡Cuánto no tendré yo que hacer todavía para poner mi crédito a la altura en que debe estar el de un candidato al mando político de un pueblo! Yo trabajaré en ello, no hai duda, alcanzaré lo que otros muchos: por eso he dicho que un hombre como nosotros puede elevarse por el trabajo. Estas ajencias en que andamos, son un trabajo como cualquier otro. ¡I para qué habriamos de tener este cargo, sino hubiéramos de subir! Valdria mas entónces seguir la carrera de la virtud, que aunque no conduce a los puestos públicos ni a la fortuna, nos llevaria siquiera al cielo, aunque tarde. Si queremos lo positivo, lo mas pronto i bueno en este mundo pecador, es necesario sacarle el quilo al vicio, i para esto es necesario trabajar. ¿Me entienden ustedes? ¿Me he esplicado? ¡Caballeros! El siútico deja de serlo, cuando mejora su traza, cuando cambia su tipo, que es puramente transitorio; i para esto es necesario trabajar, no en tareas manuales, que son pesadas i duras; ni en faenas serviles, que son indignas de nuestras aspiraciones; ¡en algo mas grande i de pronto lucro!