—Empecemos por el principio, esclamó uno, el primero toca al mas anciano. Despues continuarémos a la redonda: vamos, número uno; i señaló al viejo.
Este alargó impasible su vaso. La máscara habia desaparecido, i la llama del tazon borbollaba formando jirones, círculos i tirabuzones, como impulsada por un fuego activo. El niño llenó el vaso que se le presentaba, cayendo el licor como si hubiera sido de rubíes derretidos, i coronando los bordes una ténue llamarada azul, que poco a poco fué condensándose i mostrando una figura.
Era un viejo de estatura elevada, pero inclinado hácia adelante. Parecia absorto con un pensamiento terrible. Sus lacias canas bajaban hasta confundirse con su blanca barba. Tenia un ancho sombrero, cargaba sobre su hombro una manta, i llevaba un largo bordon en la mano derecha.
Todos miraban con curiosidad, pero el asombro se pintó en los semblantes, cuando vieron que el viejo se trasformaba en un hermoso jóven que dando la mano a una mujer radiante de belleza, se elevaba con ella hasta confundirse en una estrella vivísima que iluminó por un momento la estancia, dejando a los circunstantes deslumbrados.
—¿Qué es eso? preguntaron varios.
El niño respondia con un sonrisa, i el viejo dijo secamente que él comprendia su horóscopo i no tenia para qué revelarlo.
—¡Número dos! gritaron todos, i el que se sentaba al costado del viejo alargó su vaso. La misma operacion se repitió pero la llama dibujó otra figura, que no fué comprendida a primera vista, i que despues de examinada apareció ser una banda o faja bicolor enredada en un baston.
Hubo un silencio profundo. Todos miraban la figura i cavilaban, hasta que álguien dijo con énfasis: «¡Eso significa poder, autoridad, mando!»—I una carcajada universal estalló como eco de esas palabras.
Varios.—¡Hombre! ¡Tú con poder! ¡Tú mandatario! ¡A los cincuenta años de vicios, de pereza i de miserias! ¡Cómo puede ser cierto este horóscopo! Ja, ja, ¡jaaa!