“Lo que sucedió en la Francia poco ha es un ejemplo. Pueden pensar ustedes que su país está exento de estos males. Yo francamente le confesaré que soy de una opinión enteramente diferente. La suerte de ustedes la creo infalible, aunque diferida por una causa física.
“Mientras que posean ustedes una ilimitada extensión de terreno fértil y desocupado, sin población proletaria, serán más ventajosamente acomodados que la misma clase de personas en el viejo mundo; y mientras esto suceda la política de Jefferson podrá existir sin ocasionar ninguna calamidad funesta. Pero vendrá el tiempo en que la nueva Inglaterra esté tan poblada como la vieja. El jornal del trabajador será tan reducido y fluctuará tanto entre ustedes como entre nosotros.
“Tendrán ustedes sus Manchesters y sus Birminghams, y en esos Manchesters y Birminghams centenares de miles de artesanos estarán sin duda en algunas ocasiones sin poder hallar trabajo. Entonces las instituciones de ustedes serán puestas á una prueba completa. La escasez y la miseria en todas partes del mundo, ponen descontenta y turbulenta á la gente trabajadora y la inclina á prestar fácil oído á los agitadores, quienes la enseñan que es una iniquidad monstruosa que un hombre tenga un millón de pesos mientras que otro no consigue con qué comer.
“En los años malos hay por acá bastantes murmuraciones, y en algunas ocasiones alborotos; pero poco importa esto, porque los que padecen no son los gobernantes. El poder supremo está en manos de una clase de la sociedad, verdaderamente poco numerosa, pero selecta y educada; de una clase que tiene la conciencia de estar profundamente interesada en la seguridad de la propiedad y en el mantenimiento del orden.
“Por esta razón los descontentos están firmes, pero benignamente refrenados. El mal tiempo pasa sin que se quite nada á los ricos para aliviar á los indigentes.
“Las fuentes de la prosperidad nacional principian á correr de nuevo; el trabajo se aumenta, el jornal sube, y todo recupera su tranquilidad y alegría habituales.
“He visto á la Inglaterra en tres ó cuatro ocasiones pasar por épocas tan críticas como la que acabo de indicar. Por tales épocas tendrán que pasar los Estados Unidos en el trascurso del siglo venidero si no en el presente. ¿Cómo pasarán ustedes por ellas?
“De todo corazón deseo á ustedes una salvación feliz. Pero mi razón y mis deseos están opuestos entre sí, y no puedo menos que presagiar lo peor. Es muy evidente que el gobierno de ustedes no podrá refrenar jamás á una mayoría agitada por la miseria y el descontento, porque entre ustedes la mayoría es el gobierno, y que tiene á los opulentos que siempre forman la minoría, absolutamente á su merced. Vendrá día que en el estado de Nueva York una gran multitud de gentes de las que ninguna haya tenido más que un medio almuerzo ni espera tener más que una media comida, elegirá una legislatura.
“¿Es posible dudar de la clase de legislatura que en tales circunstancias sería escogida? Á un lado hay un estadista predicando la paciencia respecto á los derechos legítimos y una observancia estricta respecto de la fe pública. Al otro hay un demagogo voceando y disparatando sobre la tiranía de los capitalistas y usureros y preguntando por qué á un individuo debe permitirse beber champaña y andar en coche, mientras que millares de gentes honradas carecen de lo necesario para mantenerse.
“¿Cuál de los dos oradores lleva más probabilidad de ser elegido y escuchado? Yo seriamente temo que ustedes en alguna ocasión de adversidad como la que dejo indicada cometerán algún acto que alejará la prosperidad de su país. Algún César ó algún Napoleón arrebatará con mano fuerte las riendas del gobierno, ó la República de ustedes será tan espantosamente robada y devastada por los bárbaros del siglo XX como fué el imperio romano en el V, con la diferencia de que los hunos y los vándalos que asolaron el imperio romano vinieron de afuera y que los hunos y vándalos de ustedes habrán sido engendrados dentro de su propio país y por sus propias instituciones[6]”.