Mas no discutiremos ni la prudencia y reserva del gobierno imperial ni los palpables errores con que allí se rechazan el pensamiento de la unión americana y la existencia de la entidad política de la América, aunque sería más digno y más propio que el Brasil se confesara francamente desligado de aquella comunidad, en vez de objetarla.
Lo raro, lo inexplicable es que el gobierno argentino sea el que ha renegado de aquella comunidad, aceptando los errores y las falsedades con que el Brasil quisiera combatir un pensamiento que no cuadra á la situación excepcional y peculiar que sus instituciones y sus condiciones sociales le forman en América. ¡Deplorable extravío! Es de esperar que no tarden mucho los intereses europeos en venir á prestar apoyo á esa insólita política, que entraña otro elemento más de discordia en la familia americana, si la nación argentina no la condena por medio de sus representantes, reasumiendo la digna posición que sus nobilísimos antecedentes le señalan en el Nuevo Mundo.
Vamos á terminar con la inserción del documento oficial que revela esa singular política; y la notable y elevada refutación que de ella hizo el ministro diplomático peruano será el mejor complemento de esta parte de nuestra obra, en la cual, por la primera vez, se dilucidan materias de vital importancia en América, que apenas habían sido tocadas, y se comprueban ideas no enunciadas siquiera por otro que el que delinea este bosquejo, en que aparece el cuadro de los hechos y de las doctrinas que caracterizan y distinguen á la Europa y la América.
En julio de 1862, el diplomático peruano señor don Buenaventura Seoane presentó á la consideración del gobierno argentino el tratado tripartito celebrado en Chile el 15 de septiembre de 1856. El gobierno lo rechazó con fundamentos generalmente sólidos que hacían inaceptables sus estipulaciones; pero rechazando también por medio de su ministro de Relaciones Exteriores, Sr. D. Rufino de Elizalde, en nota de 10 de noviembre de 1862, el pensamiento de la unión americana, se expresó de esta manera:
“Estudiada la nota de esa Legación y el tratado Continental con toda la atención que ha sido posible en tan corto tiempo, el gobierno argentino ha formado el juicio que el abajo firmado tiene el honor de transmitir á V. E. por orden del señor presidente.
“En la nota y tratado encuentra el gobierno argentino un pensamiento político y la indicación de medios para realizarlo, que le es sensible no poder prestarles su asentimiento.
“Se cree en la existencia de una amenaza general á la América independiente, á presencia de los sucesos de Santo Domingo y Méjico, y se juzga que una de las primeras medidas que se debieran tomar para alejar ó conjurar el peligro es la de uniformar en las repúblicas del Continente ciertos principios que debiesen hacer parte de su derecho internacional, y estrechar los vínculos de amistad y buena inteligencia entre los pueblos y gobiernos, para evitar en lo sucesivo todo genero de guerras.
“El gobierno argentino no tiene motivos para admitir la existencia de esa amenaza, ni cree que serían suficientes los medios que se proponen para conjurar ese peligro, si realmente existiese.
“La América independiente es una entidad política que no existe ni es posible constituir por combinaciones diplomáticas. La América, conteniendo naciones independientes, con necesidades y medios de gobierno propios, no puede nunca formar una sola entidad política. La naturaleza y los hechos la han dividido, y los esfuerzos de la diplomacia son estériles para contrariar la existencia de esas nacionalidades, con todas las consecuencias forzosas que se derivan de ellas.