“El actual gobierno norte-americano cree, y lo ha dicho á su ministro en París, ‛que la emancipación de este Continente de la Europa ha sido el rasgo principal de su historia en la última centuria’, y Washington, cuya autoridad es imponente, en su despedida al pueblo decía: ‛que los celos de un pueblo libre deben estar constantemente alerta contra las insidiosas estratagemas de la influencia extranjera, pues la historia y la experiencia han probado que esta influencia es uno de los más terribles enemigos que tiene un gobierno republicano... La Europa tiene una porción de intereses primarios que para nosotros son de ninguna ó muy remota relación’.
“S. E. cree, sin embargo, ‛que la República Argentina está identificada con la Europa hasta lo más que es posible’, y en la confianza que le inspiran estas relaciones, llega al punto de asegurar ‛que la República Argentina nada tiene que temer, y cree que en la misma situación se hallan todas las repúblicas de América’.
“Mas tal confianza no la hay en ellas, ni puede haberla ante la agresión de Méjico. Por el contrario, poseídas de muy diversas convicciones, viven y se agitan en zozobra, esperando, si no el triunfo de aquel desgraciado país, la hora en que sus gobiernos las llamen á auxiliar á sus hermanos.
“En cuanto á los beneficios señalados por su excelencia como recibidos de la Europa por esta nación, no es del resorte del infrascrito el ponerlos en problema. Sólo dirá que, á pesar de la aseveración de S. E. sobre ‛la cooperación de naciones poderosas á la República Argentina durante la guerra de la Independencia’, el infrascrito ha perseverado hasta hoy en la creencia de que los resultados y triunfos de esa lucha grandiosa se deben pura y exclusivamente, en cuanto le concierne, á sus magnánimos esfuerzos.
“El infrascrito ha extrañado que, al hablar S. E. de la insuficiencia de los medios propuestos, lo haya hecho sin considerar que esos medios son previos y no únicos, y sin recordar que al final de su nota de 18 de julio manifestó su deseo de que fuesen aceptadas las bases de paz general y de unión americana, á fin de que las naciones del Continente quedasen expeditas para formar después una alianza.
“Ahora pasa á ocuparse de otro punto importante de la nota de S. E, que, por el sentido íntimo que envuelve, va á producir en el Continente la más ingrata impresión.
“Dice S. E. ‛que la América independiente es una entidad política que no existe, ni es posible constituir por medio de combinaciones diplomáticas; que, conteniendo la América naciones independientes con necesidades y medios de gobierno propios, no puede nunca formar una sola entidad política, y que se halla dividida por la naturaleza y por los hechos’.
“Es ésta la primera vez, señor ministro, después de nuestra gran revolución, que se levanta la voz de un gobierno contestando lo que para los americanos ha venido á ser un principio y un dogma en que fundan las glorias de su pasado, su esperanza en el porvenir y su fraternidad en todo tiempo. Nadie ha contribuido más á radicar ese principio y ese dogma que la República Argentina. Ella fué el primer soldado de la independencia de América, y si hoy, cuando á la aproximación del peligro se buscan los medios de prevenirlo, prefiere desertar, negando la base principal de su grandeza, no viendo en ella sino un conjunto de nacionalidades con intereses aislados y diversos, no se puede olvidar, sin mengua de su merecido renombre, que fué también la primera en reconocerlas por el órgano de sus más grandes ciudadanos, en su potente unidad, y en sacrificarle sus tesoros y su sangre.
“La alianza natural que forman los Estados de aquella fuerte entidad deriva radicalmente de su origen é identidad de aspiraciones; empezó á realizarse de una manera más sensible desde los primeros albores de su revolución; se fortificó en los combates de la libertad, en la fuente de los principios democráticos, y fué perdurablemente sellada con el último cañonazo que disparó en Ayacucho.
“Sin la diplomacia ó con ella, la América independiente es una entidad que todo el mundo reconoce; y si su código internacional y político no está escrito aún, á eso tienden los esfuerzos comunes. Pero el vínculo moral que liga á sus miembros entre sí, para formar el gran conjunto, se halla poderosamente arraigado en la inteligencia y el corazón de todos los habitantes de América.