“En la América del norte, en las repúblicas de Chile y de Bolivia, en la Oriental del Uruguay, en el Perú, en los Estados Unidos de Colombia, en los de la América Central y hasta en la misma Francia, viendo clara la amenaza á los Estados americanos, se ha clamado por su unión, con la notable circunstancia de que en algunos de ellos se han propuesto bases y medios de realizarla, sin olvidar la alianza ó contrato de guerra, en consideración á la inminencia del peligro.
“El único gobierno americano que, hasta la fecha de la nota de S. E. el Sr. Elizalde, no se había pronunciado sobre esta cuestión, ha sido el del Ecuador. Pero esta abstención se aplica por la circunstancia de existir, en altos mandos, en aquella república, dos personajes, de los cuales el uno amenazó invadirla en 1846, con tropas que organizó en Europa, y felizmente fueron disueltas por los esfuerzos comunes de la diplomacia americana, y el otro, en 1859, pretendió incorporarla al dominio de una potencia europea.
“Por lo demás, si cada gobierno americano tiene medios suficientes, como lo afirma S. E., para hacer respetar sus derechos, no se comprende el alcance de la manifestación que hace el gobierno argentino de que ‛si la independencia de cualquier Estado americano fuese amenazada, no tardaría en ponerse de acuerdo con los demás gobiernos para reivindicar sus derechos y garantizar su seguridad’.
“Ó no es exacta, como no lo es, esa capacidad de cada Estado americano para defenderse por sí solo, aun cuando tenga reunidos y en armonía todos sus elementos, y en este caso es necesaria la Unión; ó la proposición sentada por S. E. envuelve ya la presunción de su ineficacia, y en este caso es inútil.
“En efecto: si aquellos Estados se hallasen tan completamente garantidos por sí mismos, no podría sostenerse la necesidad apremiante de su alianza.
“Estando al tenor de lo expuesto por S. E., y que se presta á tan extensos comentarios, el peligro para ellos ‘podría únicamente existir en el caso de una liga europea contra la América—lo que S. E. considera imposible—, liga que no podría hacerse á nombre de los intereses materiales y comerciales de Europa, porque esos intereses están en armonía con los de las naciones americanas. Podría sólo hacerse—añade S. E.—á nombre de la monarquía contra la república; pero la democracia ha echado tan profundas raíces en América, los beneficios de las instituciones republicanas son tan evidentes, la fuerza de estas instituciones tan grande en la esencia y forma de los pueblos americanos, que á presencia de ellas, las armas de sus enemigos habían de sentirse impotentes para combatirlas’.
“¿Y Santo Domingo, señor ministro? ¿Y Méjico? ¿Y las islas Malvinas?
“Asienta S. E. que la monarquía en Europa misma ha tenido que inclinarse ante la democracia, y esta aseveración lo tranquiliza. Pero el infrascrito siente que no le permita estar de acuerdo con ella la realidad de los hechos, que presentan preponderante en Europa á la monarquía dinástica.
“Fundándose S. E. en el desenvolvimiento de la industria, inmigración y comercio, toca el insólito extremo de aseverar, en el momento mismo que se entrega á las armas la suerte de una república hermana, ‘que más vínculos, más interés, más armonía hay entre las repúblicas americanas de origen español con Europa, que entre ellas mismas’.
“La opinión altamente manifestada en todas épocas, la historia y los sentimientos fraternales que está expresando la América por los sucesos de Méjico, son una viva y ardiente protesta contra la aserción emitida.