“Se limitó apenas á manifestar los recelos que sugiere la actitud de las potencias europeas en Santo Domingo y Méjico. Pero si es aventurado el pensar que aquel caso pudiera efectuarse, no lo es tanto, por cierto, el que una nación fuerte atentase, como los sucesos lo demuestran, contra la soberanía de cualquiera de las repúblicas americanas, si se conservasen en su actual aislamiento.
“En semejante hipótesis, desgraciadamente realizada, desde que el derecho de existir de las antiguas colonias de la España como naciones libres y soberanas fué reconocido por todos, estableciendo así el principio de su independencia como el principal fundamento de su derecho público, el ataque á la soberanía de cualquiera de ellas, no sólo importa una amenaza, sino un desconocimiento virtual de las más sagradas prerrogativas de las otras.
“El gobierno argentino, sin pensar del mismo modo, llega hasta el punto de declarar en un lugar de su nota que ‘no tiene motivos para admitir la existencia de esa amenaza’, lo que no obsta á que exprese en otro lugar que ‘si la independencia de cualquier Estado americano fuese amenazada contra las prescripciones del derecho público, no tardaría en ponerse de acuerdo con los demás gobiernos para reivindicar sus derechos y garantir su seguridad’.
“Como el gobierno de S. E. el Sr. Elizalde, en vez de tomar esta actitud tiende á asumir una posición tan nueva como excéntrica en América, y como al mismo tiempo no se puede suponer que desconozca á Méjico en la categoría de un Estado americano, se deriva de estas premisas la dolorosa consecuencia de que reconoce la agresión que se hace á Méjico como ajustada á las prescripciones del derecho público, sin que ella envuelva una asechanza ni aun contra la independencia de la nación agredida. Y, sin embargo, esa nación lucha hoy en santa guerra contra sus invasores, y quizás á la hora en que tienen lugar estas contestaciones cae envuelta en su sangre y se consuma el sacrificio de su libertad y su derecho.
“La sorpresa del infrascrito, de la que, sin duda, participará su gobierno, es tanto mayor á vista de la comunicación de S. E., cuanto más incongruentes son algunas de las declaraciones que contiene, con las que les han precedido, y con los términos de la nota de ese ministerio fecha 14 de mayo último, dirigida á S. E. el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, así como con los conceptos vertidos en el mensaje del excelentísimo señor presidente Mitre al último Congreso, cuyos documentos volverá el infrascrito á citar más tarde.
“Antes de hacerlo, y en confirmación de los fundados temores que se abrigan en América por la intervención de la Europa en sus negocios, debe recordar aquí las palabras del gobierno de los Estados Unidos, que forman el más notable contraste con la parsimonia y tranquilidad del gobierno argentino.
“En un oficio de Mr. Seward á Mr. Gorwin, datado á 6 de abril de 1861, dice aquel alto funcionario lo siguiente:
“El estado de la anarquía en Méjico debe obrar necesariamente como un incentivo en el ánimo de aquellos que están conspirando contra la integridad de la Unión, con el propósito de buscar fuerza y engrandecimiento para sí propios, por medio de conquistas en Méjico y otras partes de la América española. Así el más obtuso observador se halla habilitado para ver lo que desde hace largo tiempo han visto con claridad los mejor dotados de un espíritu sagaz, esto es, que la paz, el orden y la autoridad constitucional en cada una y en todas las diversas repúblicas de este Continente, no son de un interés exclusivo á una ó más de ellas, sino de un interés común é indispensable á todas.
“Mr. Gorwin, distinguido diplomático, escribe á Mr. Seward, á 29 de julio: La Europa se complace en vernos postrados y no dejará de aprovecharse de nuestros embarazos, para ejecutar designios en los que no habría soñado si hubiésemos permanecido en paz.
“Existe, pues, y en su mayor intensidad, la justa alarma, á que se ha referido el infrascrito y que, hasta cierto punto, puede haber inspirado las conclusiones de S. E. y apresurádolo á darles una publicidad prematura. Por lo mismo es hondamente sensible contemplar al gobierno argentino en aislado desacuerdo con la opinión de todos modos expresada á este respecto, no sólo por todos los gobiernos y pueblos americanos, sino hasta por la prensa libre de la Europa.