El Sr. Seoane refutó tan singulares aserciones de una manera victoriosa y digna de aplauso en su nota de 17 de noviembre de 1862, diciendo:
“Si los conceptos emitidos en la expresada contestación se limitasen á manifestar los inconvenientes que S. E. señala para aceptar pura y simplemente aquel tratado, el infrascrito, por su parte, se habría ceñido á referirla á su gobierno, con el fin de que le indicase los medios de salvar aquellos inconvenientes. Pero se expresan en la nota de S. E. proposiciones de tanta gravedad, que, si bien hasta cierto punto se hallan contradichas en su mismo contexto, no podrían dejarse pasar desapercibidas sin un desconocimiento tácito de la tradición, de los hechos actuales, y de los más genuinos intereses de la América.—El infrascrito se encuentra, pues, en el deber de contestarlos, y lo hará con sinceridad y franqueza.
“Cuando el gobierno que representa le honró con la misión que inviste, lo hizo en la plena convicción de que los antecedentes históricos que ligan indisolublemente á la América no podrían jamás desconocerse por ninguno de sus miembros, en sus efectos naturales ni en sus consecuencias legítimas.
“Creyó igualmente que, envuelta en guerra intestina la América del norte, ese glorioso baluarte de la democracia en el mundo; absorbida la República de Santo Domingo por la España, invadido Méjico por tropas europeas; trabajado el Ecuador por influencias extrañas, é inexplicada aún ante el mundo, de un modo capaz de satisfacer á la razón y á la justicia, la agresión de una potencia europea á una de las más importantes secciones del Continente, era llegado el momento de trabajar con eficacia, en llevar á buen término el antiguo y nunca abandonado pensamiento de uniformar y consolidar las relaciones de los Estados sur-americanos entre sí, buscando de este modo una garantía común de seguridad, tranquilidad y poder.
“Fundada la alianza natural de las repúblicas de origen español, como se ha dicho tantas veces, en la mancomunidad de sus esfuerzos para emanciparse de la metrópoli, en la identidad fundamental de sus instituciones y de su poderosa unidad de religión y de raza, ha parecido siempre posible y conveniente establecer sus relaciones políticas sobre bases más anchas, determinadas y fijas.
“Unir lo que debe ser compacto, fortificar lo que está débil, resguardar del peligro lo que se halla amenazado, era una tarea demasiado generosa para que no se invitase á concurrir á ella á la República Argentina. El gobierno del Perú, más quizás que cualquier otro de América, se envanecía en esperar su concurso, porque él no había olvidado, ni podría nunca olvidar, la heroica iniciativa de esta Nación en la guerra de la Independencia, cuando salvando las montañas y los mares, señalaba con su espada las fronteras de la libertad en la tierra gloriosa que iba conquistando para ella.
“Imbuido en estos recuerdos, fué que el infrascrito pidió lleno de confianza al gobierno argentino su adhesión á la idea de un tratado general; y para inducirlo á aceptarla, mencionó el terrible conflicto en que Méjico se encuentra, considerando lo que allí pasa como un gravísimo amago, contra el cual era prudente adoptar precauciones oportunas.
“El gobierno argentino, sin embargo, no ha adherido al tratado, ni reconocido la existencia del peligro, sino, antes bien, la ha negado. Entretanto no ignora S. E. el Sr. Elizalde las causas que produjeron la expedición europea sobre Méjico y las que motivaron la retirada de dos de las tres potencias que acometieron esa empresa, como sabe también que idénticas razones á las que ostensiblemente se dieron al principio para empeñarse en ella, han existido y existen en casi todas las repúblicas de América, y no sería imposible que más tarde se adujesen para repetir el atentado.
“Antes de seguir adelante, el infrascrito se permitirá observar que cuando invitó al gobierno argentino á la adopción de un pacto que estrechase los lazos de amistad entre los gobiernos y pueblos americanos, y cuyas estipulaciones los pusiesen á cubierto de contingencias riesgosas, no ha hablado ni podido hablar racionalmente de la posibilidad de un ataque simultáneo por una sola nación á los diferentes puntos de un territorio tan vasto como el que ocupa la América.