Sin que la tierra por su pie oprimida

Crujir se oyera con el césped blando

De que la tierra inculta está mullida,

Algún insomne le juzgó temblando

Alma que torna á visitar la huesa

Del cuerpo en cuya cárcel vivió presa.

Flotaba suelto el alquicel nevado,

Blanqueaba del turbante el albo lino,

Y relucía en piedras engastado

El puño del alfanje damasquino: