Y el vuelo tiende á la contraria orilla

Espantada la tímida abubilla.

En tanto el noble príncipe, sumido

En el mar de sus propios pensamientos,

Ni atiende al ave que ahuyentó del nido,

Ni al reptil que saltó, ni á los acentos

Que el ruiseñor ahogó: y embebecido

Continúa avanzando á pasos lentos,

Hasta perderse en la arboleda obscura

Que se espesa del valle en la angostura.