Formaba esta recóndita arboleda

Un extendido bosque de avellanos,

Guardador de una espesa moraleda

Donde sus utilísimos gusanos

Daban por fruto delicada seda,

Que labrada después por diestras manos

Iba en preciosas telas y tejidos

Á todos los mercados conocidos.

Brotaba una sonora fuentecilla

En medio de esta fértil enramada,