Y en sus doradas letras africanas

Leía ya las suras musulmanas.

Pensaba en las mil torres de los muros

Que á su noble ciudad dieran confines,

Fuerza rëal y límites seguros:

Pensaba en la extensión de sus jardines,

Asilos del deleite, y en los puros

Baños, y en los ocultos camarines

Del voluptuoso Harén de las mujeres,

Santuario del amor y los placeres.