Asaltando á favor tus aposentos,

Vengo á hacerte, Muriel, la pobre ofrenda

De esta loca y fantástica leyenda.

Tú que, amigo sincero, mis pesares

Cariñoso y leal has consolado:

Tú que del infortunio en los azares

Apoyo generoso me has prestado:

Tú que con honda fe de mis cantares

El poder misterioso has invocado

Del duelo y el afán como anatema,