Y cortaba el camino al aliento,

Y prensaba el cansado pulmón;

Y, golpeando en sus sienes sin tiento

De su sangre el latido violento,

Sus oídos zumbaban con lento

Y profundo y monótono són.

Ya creía que, huyendo el camino

Del corcel bajo el cóncavo callo,

Galopaba sobre un torbellino,

Mantenido en su impulso no más;