Del Supremo Hacedor la sabia mano

No creó sin destino esos lugares

Inaccesibles al orgullo humano:

Ni envueltos en sus mantos seculares

De nieve espían sin cesar en vano

Esos gigantes blancos tierra y mares.

Subamos, pues, sobre las auras leves

Al misterioso alcázar de las nieves.