Lëedla sin temor: nada hay en ella

Que la razón rechace, ó la fe impida;

La luz que de sus páginas destella

Despierta el alma á la virtud dormida,

Y eleva el corazón y el pensamiento

Á la pura región del firmamento.

Lëedla pues: y el ámbar que perfuma

Del paraíso la mansión divina,

Y el resplandor que de la Esencia suma

Derramado los mundos ilumina,