Más de un buen corazón de nuestra tierra!

¡Augusta sombra de Isabel! perdona

Si mi ruda canción osa atrevida,

Llegando irreverente á tu persona,

Del féretro evocarte á nueva vida.

Sé que la gloria que inmortal te abona

No puede por mi voz enaltecida

Ser: mas yo bajo á tu mansión mortuoria

No á engrandecer, sino á adorar tu gloria.

Díselo así al Católico Fernando,