Edén entre peñascos escondido,

Ilusión de esperanza y sueño de oro

Que halaga aún al corazón del Moro!

¡Salve, vergel en donde el alba nace

Y donde el sol poniente se reclina,

Donde la niebla en perlas se deshace

Y las perlas en plata cristalina:

Donde el placer sobre laureles yace

Y Dios sonríe y la salud domina!

Divino objeto de mi canto rudo,