Yo al empezar mi canto te saludo.

Heme aquí, vueltos hacia ti los ojos,

Descubierta al nombrarte la cabeza,

Con amoroso afán puesto de hinojos,

Rendido adorador de tu belleza,

Ofrecerte mis cantos por despojos

Si dignos son de tu inmortal grandeza;

Tiéndeme, pues, bellísima Granada,

Al elevar mi voz una mirada.

Y ¡plegue á Dios que mi amoroso acento