Al olëaje de la mar undosa.

Entonces recordé mi sosegada

Niñez: cuando mi madre me tenía

Sentado en sus rodillas y posada

Su mano en mi cabeza, dirigía

Mi atención al altar donde radiante

Se elevaba una imagen de María.

Y entonces recordé la voz vibrante

Del monje que en el púlpito exclamaba:

«La existencia más larga es un instante;