En aquel cielo azul y transparente,
Pabellón de cristal sin mancha alguna,
Lucen sobre la tierra eternamente
Sereno el rojo sol, blanca la luna.
Allí Genil su límpida corriente
Vierte con Darro y Monachil á una,
Brotando á sus regueros creadores
En vasta profusión frutos y flores.
Allí el cedro fragante y los almeses
Amados de los pájaros campean