Al gusto de los pueblos orientales:
Y en el segundo cuerpo de los muros
Se abrían dos moriscos ajimeces
De exquisita labor y árabes, puros,
Elegantes contornos
Y calados y espléndidos adornos.
Tras de sus celosías iba á veces
El Rey ocultamente, de sus serios
Afanes esquivándose un instante,
Á sorprender los íntimos misterios