Y mandar con despótica entereza,
Y obedecida ser como señora.
Una mirada de sus negros ojos
Más que un alcázar para el Rey valía:
Por solo un beso de sus labios rojos
Una ciudad frontera vendería:
Por el más infantil de sus antojos
La cabeza más noble inmolaría:
No tenía su amor precio ni raya
En la alma de Muley.—Es la Zoraya.