Hechas de gruesas perlas, que horadaban

Por su grueso mayor áureos arillos:

Sus brazos dobles sartas de corales,

Sus orejas riquísimos zarcillos:

Y, á usanza de las Moras principales,

Ostentaba sus uñas nacaradas

Con azul costosísimo miniadas.

Era en verdad bellísima la Mora,

Y merecía bien tanta riqueza,

Y ser de tal estancia moradora,