Que levanta la brisa en la enramada,
Díjole, disipando los enojos
Que acaso al despertar fingió indignada:
«Te esperaba, Señor: aunque dormía,
»Mi corazón velaba, y en mi sueño
»La leve huella de tu pie sentía
»Que á mis amantes brazos te traía,
»Bizarro Amir, de mi existencia dueño.»
«Apenas en los altos alminares
(Contestóla Muley)» la voz sonora