Y sin poder con su amoroso exceso

Sobre su boca de coral, que sabe

Y trasciende al alöe de Corinto,

Depositó Muley un amplio beso

Que crujió de la estancia en el recinto.

Abrió Zoraya los ardientes ojos,

Y al fijar su mirada

Sobre la faz del Árabe, cambiada

De colérica en tierna, con acento

Más grato que el murmullo soñoliento