Con los crispados dedos estrujando.—
¡Traidores! En buen hora, en su destino
Con ceguedad estúpida fiando,
Abrirse intenten al poder camino
Y astutos formen revoltoso bando:
¡Pero poner por escalón del trono
Al cristiano!... Jamás se lo perdono.
Jamás: jamás.» Y con ahogado acento
Repitiendo «jamás,» como una fiera