El corazón no más de ambos amantes:
Sólo el susurro de su voz se oía.
Á poco, de los brazos de la Mora
Desprendiéndose el Árabe, embozóse
En su blanco alquicel y hacia el calado
Arco del mirador adelantóse.
Siguióle hasta el umbral la encantadora
Sultana, con un beso regalado
Sellando el labio de Muley, quien presto
Á desaparecer por la excusada