Reverberaban de Muley los ojos

Y chispeaban los ojos de la Mora

Con vívidos destellos:

Éstos de la ambición devoradora

Con el triunfante resplandor, y aquéllos

Con el torvo fulgor de los enojos.

Pasaron todavía unos instantes

De plática en secreto

Uno de otro en los brazos: el objeto

De tal conversación le comprendía