Sobre la extensa vega granadina,
Ceñidor de verdura,
Morisco chal que envuelve la cintura
De la ciudad en donde reina el Moro.
Comenzaba á sus cárdenos fulgores
La tierra fértil á tomar colores,
Exhalando de sí el aroma suave
De la humedad nocturna, y comenzaba
La flor á abrirse, á gorjear el ave,
Y la brisa del alba revoltosa