Á estremecer del bosque, donde erraba,

La cabellera verde y rumorosa.

Fresca, gentil, risueña,

Á la primera luz de la mañana

Se despertaba la ciudad sultana,

De cien ciudades orgullosa dueña:

La ciudad del amor y de las flores:

La ardiente y hermosísima africana,

Que reclina su frente soberana

Sobre el fresco tapiz de mil colores