Que á sus pies tiende su florida tierra,
Y cuyas orlas por doquier remata
Con caireles de lázuli y de plata,
Ya el mar que en torno de ella se dilata,
Ya la nevada fronteriza sierra.
Asomado á un balcón de la alta torre
Llamada de Comares, cuyo asiento
El Darro besa que á su planta corre
Regando huertas mil en curso lento,
Esperaba el Rey árabe la hora