Manteniéndose en él tenaz, clavada,

Hasta los pies de el granadino trono;

Bien revelando el animoso encono

Con que su roja Cruz se ve en Granada.

Don Juan, empero, en ademán tranquilo,

Y mesurado aunque orgulloso porte,

Avanzó hasta el marmóreo peristilo

Que da entrada al salón do está la corte:

Llegó hasta el trono de Muley, y en tierra,

Sin humildad, hincando una rodilla,